El acuerdo con las Farc y el Sistema Mixto

Publicado originalmente en www.kienyke.com

Mis papás me hicieron una vez un regalo maravilloso: un rompecabezas de Colombia con sus divisiones geográficas. Ahora, veo la propuesta de reforma al sistema electoral y su reemplazo por un sistema mixto como ese rompecabezas, y el acuerdo de participación política con las Farc como el golpe que pone a volar las piezas del rompecabezas y la posibilidad de que al caer se ordenen dentro del Sistema Electoral Mixto.

Como hace mucho tiempo, el Proceso de Paz abre nuevas oportunidades de revisar nuestro sistema electoral y, como nunca, varios puntos del acuerdo amplían la discusión con una nueva perspectiva. Comencemos con las piezas del rompecabezas, especialmente con aquellas novedosas, que registran problemas en la democracia de todos los colombianos.

El punto central del acuerdo con las Farc plantea unos círculos electorales nuevos, subdepartamentales, en los lugares donde el conflicto es más intenso para constituir Circunscripciones Electorales de Paz (CEP). Estos se conciben como mecanismos electorales para que las fuerzas representadas en estas zonas, distintas a los partidos tradicionales, puedan elegir sus representantes a la Cámara. Esto, de facto, reconoce que la circunscripción departamental ha fallado en articular la representación y correspondería con los Distritos Uninominales (DUN), sin que quede claro cuál va a ser el método de elección en ellos: uninominal o por sistema de voto preferente, reconocido ampliamente como fuente de la corrupción y el clientelismo del sistema electoral actual y del modelo de gobernabilidad consuetudinario del país. ¿Serán estos distritos electorales el campo de experimentación de un nuevo modelo que luego se pueda generalizar a todo el país para que el Acuerdo no sólo beneficie a las Farc, sino a todos los colombianos? Las piezas están el aire.

La segunda pieza del rompecabezas que tiene la forma que nos gusta es el registro de que el sistema actual requiere revisión, pues tiene “fallas innegables”. Para ello se convocaría una Comisión de Expertos. Se pretende, sin embargo, que tal comisión se encargue tan sólo de lo obvio, revisar el consejo electoral, la financiación de la política y, esa si más esperanzadora, “la transparencia del voto”. Por ahí entra el Sistema Mixto que, basado en DUN, sí garantiza la transparencia por clarificar la representación del territorio con el sistema mayoritario y que el actual de voto preferente hace imposible, pues los ciudadanos no logran saber por quién están votando, a quién eligieron y, lo más importante, a quién llamar a cuentas; la famosa “accountability”.

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Por más que se le de vueltas, el único sistema que permite resolver estos problemas es aquel en el cual cada partido y movimiento presenta un candidato a la Cámara en cada distrito uninominal y el candidato que saque más votos es el que representa a todos los habitantes de ese territorio. ¿Cómo se escoge ese candidato? ¿Con bolígrafo o con un sistema democrático al interior de cada partido? ¿Qué pasa con los votos de los candidatos que no son elegidos mayoritariamente? Eso se resuelve con el Sistema Mixto en el tramo proporcional, donde los votos de los “perdedores” se suman a nivel regional para la Cámara y a nivel nacional para el Senado y, por cifra repartidora, escogen de listas cerradas y ordenadas presentadas por cada partido el 40% de las curules. Y es aquí donde surge una duda sustantiva: ¿qué peso tendrían dentro del Congreso los elegidos dentro de las Circunscripciones de Paz? Y es donde las bondades del Sistema Mixto se aprecian más.

Supongamos que las Farc constituyen un movimiento o partido más amplio en alianza con la UP, la Marcha Patriótica y el Partido Comunista. Y que este nuevo partido inscribe candidatos en las Circunscripciones de Paz y en todos los DUN en el país. Seguramente elegirían a alguien en los CEP, pero pocos en el resto de los DUN. Pero, he ahí la maravilla del Sistema Mixto, los votos que no eligen a nadie en los DUN, los que quedan de segundos, terceros, etc., se suman y eligen congresistas por la lista proporcional. El sistema crearía incentivos para que los partidos minoritarios se organicen en cada DUN, pues ni uno sólo de los votos depositados en ellos se perdería. Los partidos minoritarios se aferran al voto preferente y la circunscripción nacional por el temor de que sin estos ellos desaparecerían. No es así. Por el contrario, el Sistema Mixto les permite fortalecerse y además, eventualmente, conformar alianzas en cada DUN para poder ganar y consolidarse como partidos. Imaginación por favor.

Pero la más hermosa de las piezas que el Acuerdo Político introduce, la que brilla con mayor esplendor, es el reconocimiento de que hay que modificar los mecanismos de participación directos que, entre otras cosas, fueron reencauchados considerablemente en la nueva Ley Estatutaria de Participación a consideración de la Corte Constitucional, sobre la cual debe pronunciarse durante noviembre y, como verdadera sorpresa, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Planeación Participativa, una de las promesas fallidas de la Constitución del 91.

Hemos estado presionando al gobierno sobre el anterior tema y hemos adelantado con fuerzas de la sociedad civil una propuesta de ley que puede ser útil en este debate. Con este elemento se cierra la conformación del modelo de sociedad que estamos buscando y de los cuales las CEP van a ser verdaderos laboratorios de Paz para el posconflicto: Distritos Uninominales con una sociedad civil densa y articulada que a través de los diferentes mecanismos participativos definan cuáles deben ser las prioridades de inversión en su territorio. Y por supuesto tener claro a quién se debe pedir cuentas por su gestión a favor de tales prioridades. Quedan muchas preguntas más. Pero las piezas están el aire, veamos cómo caen.